Durante muchos años he venido diciendo que ésta es mi primera norma de la usabilidad. Cuantas más páginas web veo, más convencido estoy de ello. Se trata del principio fundamental, el voto de calidad primordial a la hora de decidir si algo en el diseño web funciona o no. Si sólo tiene capacidad en su mente para una única norma de usabilidad, quédese con ella.
Todo lo que con ello quiero decir es que, hasta lo que humanamente es posible, cuando se mire una página web ésta ha de ser obvia, evidente, clara y fácil de entender.
Tendría que poder "entenderla" (qué es y cómo usarla) sin agotar esfuerzos pensando en ella.
Pero, de qué claridad u obviedad estamos hablando?
Pues de la suficiente; que nuestro vecino de al lado, por ejemplo, que no tiene interés alguno por el tema de nuestro sitio y que apenas sabe cómo usar el botón Atrás, pueda ver La página web inicial de nuestro sitio y diga, "Oh, si se trata de ". (Y con un poco de suerte dirá también, "Pero si es ____________________. Fantástico." Pero eso es otro tema.) ___________.
Existe, en realidad, un aspirante inmediato: "Elimine la mitad de las palabras en todas las páginas y después prescinda de la mirad de lo que haya quedado". Pero de esto nos ocuparemos en un capítulo posterior. Considérelo de esta forma:
Cuando miro una página que no me hace pensar, todo lo que se me ocurre son cosas como: "Veamos, esto es____________. Y eso___________. Y eso es precisamente lo que quiero".
Pero si lo que veo es una página que me hace pensar, todo lo que se me ocurre está lleno de interrogantes. Para crear un sitio debe evitar los interrogantes.
Lo que nos hace pensar
En una página web, cualquier cosa puede detenernos y hacernos pensar innecesariamente. Por ejemplo, los nombres de las cosas. Los típicos culpables son los nombres bonitos o ingeniosos, los producidos por el departamento de marketing, los nombres específicos de la empresa y los nombres técnicos que no nos son familiares. Pongamos, por ejemplo, que un amigo me dice que Corp XYZ pretende contratar una persona con mis mismos títulos académicos y me dirijo a su sitio web. En cuanto le echo un vistazo a la página para hacer clic en algo, el nombre que han elegido para su sección de puestos de trabajo lo cambia todo.
Observe que todas estas cosas siempre se encuentran en algún punto entre "Evidente para codo el mundo" y "Completamente confuso", pero siempre existe un punto de equilibrio.
Por ejemplo, "TRABAJOS" puede parecer demasiado indecoroso para Corp XYZ, puede que estén en "RAMA-D-TRAB" por motivos complejos de política interna o, simplemente, porque es así como siempre se les ha llamado en el boletín de la empresa. Pero a lo que voy es que los esfuerzos deberían ir siempre más encaminados hacia lo "EVIDENTE" de lo que podamos llegar a pensar. Otro foco innecesario de interrogantes en nuestras mentes es el tema de los vínculos y los botones en los que se puede hacer clic, pero que nos hacen dudar si podemos o no pulsarlos. Como usuario nunca debería emplear ni una milésima de segundo en pensar en cosas como si se puede o no hacer clic en esto o aquello.
NO ME HAGAS PENSAR!
Puede estar pensando, "Bueno, no me ha costado mucho averiguar si se puede hacer o no clic sobre esto. Si se pasa el cursor por encima cambia de Forma; la flecha se convierte en una mano apuntando. ?Qué dificultad hay?".
Lo que ocurre cuando estamos usando la Web es que los interrogantes que nos surgen aumentan nuestro volumen de trabajo cognitivo y distraen nuestra atención de la tarea que tenemos entre manos. Las distracciones pueden ser leves, pero se acumulan y pueden, incluso, llevarnos a abandonar.
Por norma tenemos que a la gente, en general, no le gusta sentirse desconcertada cuando se pone a pensar en cómo hacer las cosas. El que las personas que crean los sitios no se preocupen demasiado por facilitar el trabajo (y hacerlo evidente) puede llegar a minar nuestra confianza en el sitio y sus editores.
Otro ejemplo: en la mayoría de los sitios de las librerías, antes de buscar un manual, tengo que pensar en cómo quiero hacer la búsqueda.
